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2.288 horas trabajando, menos de 100 en clase: la paradoja colombiana

3 min de lecturaPor EstudiaEnLaU
2.288 horas trabajando, menos de 100 en clase: la paradoja colombiana

El número que la OCDE no esperaba

Según los datos más recientes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un trabajador colombiano acumula en promedio 2.288 horas laborales al año. Es el número más alto de los 38 países miembros — por encima de México (2.226), Costa Rica (2.149) y muy por encima del promedio del bloque (1.716 horas).

Para ponerlo en perspectiva: un alemán trabaja 1.349 horas al año. Un colombiano trabaja casi 70% más horas que su par europeo, y lleva décadas liderando ese ranking sin que ninguna política pública lo haya movido de forma significativa.

Del trabajo a las aulas: la otra cara de la paradoja

Mientras el trabajador colombiano promedio acumula 2.288 horas anuales en su empleo, el estudiante universitario colombiano promedio tiene clase efectiva durante menos de 100 días al año. Asumiendo 4 horas de docencia directa por día (una carga moderada), eso equivale a menos de 400 horas anuales de enseñanza presencial.

La comparación no es caprichosa. Según los datos del DANE (Gran Encuesta Integrada de Hogares, GEIH 2024), más del 34% de los estudiantes universitarios colombianos trabaja al mismo tiempo que estudia. Para ellos, la paradoja no es estadística: es la agenda de cada lunes.

¿Por qué trabajan tanto?

Colombia tiene una de las semanas laborales más largas de América Latina de facto — no por ley, sino por la estructura del mercado. La reforma laboral de 2021 redujo la jornada nocturna y los recargos dominicales, pero el número de horas efectivas trabajadas sigue siendo el más alto de la región entre los países con datos formales.

Los factores son conocidos: alta informalidad (más del 55% de los ocupados), baja productividad por hora, poca automatización en sectores intensivos en mano de obra, y un sistema de protección social que hace que trabajar más horas sea la única forma de acceder a salud y pensión para millones.

El costo invisible para los estudiantes que trabajan

Para el 34% de estudiantes que trabaja y estudia simultáneamente, la reducción de días de clase presencial debería ser, en teoría, una ventaja. En la práctica, el efecto es el contrario: la discontinuidad del calendario académico (festivos, recesos, semanas de parciales) hace que la carga cognitiva se concentre en períodos cortos de alta intensidad, en lugar de distribuirse de forma predecible a lo largo del semestre.

Un trabajador puede planificar su agenda alrededor de un horario fijo. Un estudiante con un calendario que mezcla semanas normales, semanas de evaluaciones, recesos inesperados y eventos institucionales no puede hacer lo mismo. La irregularidad del calendario universitario colombiano no ayuda a quien trabaja: lo perjudica.

La pregunta que nadie hace en el OCDE

Los análisis de la OCDE sobre productividad laboral colombiana siempre llegan a la misma conclusión: Colombia trabaja muchas horas pero produce relativamente poco por hora. La recomendación estándar es aumentar la calificación de la fuerza laboral a través de la educación superior.

Lo que ningún informe de política pública explicita con suficiente claridad es que el sistema educativo que debería aumentar esa calificación funciona con menos de 100 días efectivos de docencia al año. El país le pide a sus trabajadores que estudien más, y les ofrece un calendario académico que equivale a tres meses de clase. Esa es la paradoja colombiana.